Cómo debe realizarse un análisis de Legionella

La realización de un análisis de Legionella es una de las herramientas fundamentales para garantizar que una instalación de agua o climatización funciona de manera segura. Estos análisis permiten detectar la presencia de Legionella spp. y, en su caso, cuantificar su concentración para evaluar el riesgo y establecer las medidas correctoras necesarias. Aunque el procedimiento puede variar ligeramente según el tipo de instalación o normativa aplicable, existen principios técnicos que deben respetarse para asegurar la fiabilidad del resultado.

Lo primero que debe tenerse en cuenta es que el análisis debe realizarse en el momento adecuado y bajo condiciones representativas de funcionamiento. En instalaciones de agua caliente sanitaria, por ejemplo, conviene tomar muestras cuando el sistema está en uso normal, sin purgas previas que puedan modificar artificialmente la presencia de la bacteria. Del mismo modo, en instalaciones de mayor complejidad —como torres de refrigeración o spas— es importante seleccionar los puntos críticos donde es más probable que exista estancamiento, biocapa o acumulación de sedimentos.

Toma de muestra de un aire acondicionado en Zaragoza en búsqueda de legionella

El muestreo empieza con la elección del punto de toma de muestra. Este puede ser un grifo, un punto terminal, un depósito, un circuito de recirculación o, en el caso de torres de refrigeración, la propia bandeja de recogida de agua. La muestra debe recogerse en recipientes estériles y tratados específicamente para microbiología del agua. En muchos casos se añade tiosulfato sódico para neutralizar el cloro residual y evitar que continúe actuando durante el transporte.

La temperatura del agua, el olor, el aspecto y cualquier anomalía deben registrarse durante la toma. Aunque estos parámetros no sustituyen un análisis microbiológico, aportan información importante sobre el estado de la instalación. Asimismo, el envío al laboratorio debe hacerse de forma inmediata, protegida de la luz y manteniendo una temperatura baja pero sin congelar la muestra, para evitar alteraciones que afecten al recuento final.

El proceso analítico en laboratorio se basa, como método de referencia, en el cultivo de Legionella. Esta técnica requiere filtrar la muestra o concentrar el agua, aplicar tratamientos para eliminar flora acompañante y sembrar el concentrado en placas de medios selectivos. Tras un periodo de incubación, los técnicos especializados identifican las colonias características y realizan una confirmación adicional para determinar si se trata de Legionella spp. o Legionella pneumophila. Este procedimiento permite cuantificar la bacteria en unidades formadoras de colonias (UFC/L), que es el parámetro utilizado por la normativa actual.

En algunos casos pueden emplearse técnicas de PCR como método complementario. La PCR ofrece resultados más rápidos y puede detectar concentraciones muy bajas de ADN bacteriano, aunque no sustituye al cultivo a efectos legales, ya que no diferencia entre bacterias viables y no viables. Su utilidad principal es ofrecer una visión temprana del estado microbiológico de la instalación, especialmente en situaciones de riesgo o tras medidas correctoras recientes. Algunos laboratorios ofrecen análisis de legionella mediante PCR y mediante cultivo en el mismo paquete, de forma que tenemos la parte legal cubierta (el cultivo) y la rapidez de la prueba PCR para poder tomar medidas cuanto antes.

Los resultados deben interpretarse a la luz de la normativa vigente. El Real Decreto 487/2022 y las guías técnicas aplicables establecen los valores a partir de los cuales deben tomarse medidas correctoras. En muchos casos, si se detecta presencia de Legionella incluso en concentraciones moderadas, es necesario iniciar un programa de limpieza y desinfección, revisar los puntos críticos y repetir el análisis hasta confirmar que la instalación es segura.

Para garantizar que el análisis es fiable, debe recurrirse siempre a un laboratorio acreditado. Los laboratorios especializados cuentan con equipamiento adecuado, personal técnico cualificado y procedimientos validados conforme a la normativa.

En definitiva, un análisis de Legionella no consiste simplemente en tomar una muestra de agua: requiere un proceso meticuloso que abarca la elección del punto de muestreo, el transporte adecuado, un análisis microbiológico riguroso y una interpretación precisa de los resultados. Realizar este procedimiento correctamente es la clave para mantener las instalaciones seguras, cumplir con la normativa y prevenir brotes que pueden tener consecuencias sanitarias y legales de gran alcance.